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Mariúpol: La ‘Aldea Potemkin’ del Kremlin que Borra Crímenes de Guerra
Desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022, la toma de Mariúpol fue una prioridad estratégica para el ejército ruso. Esta ciudad, la segunda aglomeración más grande del sureste de Ucrania con medio millón de habitantes, posee una importancia crucial por su ubicación en el mar de Azov y en la ruta hacia Crimea.
Casi cuatro años después, Mariúpol se ha convertido en el principal escenario de la puesta en escena del Kremlin para mostrar bajo su «mejor luz» la ocupación de una parte de Ucrania. Sin embargo, esta versión de la realidad ha sido descrita como una «aldea Potemkin»: la reconstrucción es real, pero sirve para borrar meticulosamente las huellas de los crímenes rusos en la ciudad, mientras se libra una guerra de la memoria para garantizar la impunidad del agresor.
Durante el asedio, cerca de la mitad de la población huyó. El balance de víctimas civiles superó las 22.000 muertes, según la municipalidad ucraniana en el exilio. La ciudad fue recuperada en ruinas por Rusia, con su ataque destruyendo o dañando el 90% de los edificios residenciales y el 60% de las casas individuales, de acuerdo con la ONU.
Mariúpol sufre un destino similar al de Grozni, la capital chechena, que fue reducida a escombros por las bombas rusas en 1999 y reconstruida desde entonces con dinero de Moscú. Hoy, en las calles de ambas ciudades, las matrículas de los coches son rusas, el comercio se realiza en rublos, las banderas rusas ondean en los parques y murales y monumentos glorifican a Rusia y sus héroes, mientras las direcciones originales de las calles comienzan a desaparecer.