Tiempo de lectura aprox: 2 minutos, 41 segundos

La ‘Segunda Juventud’ Política de Zapatero en Venezuela: Una Década de Controversias y Alianzas

En un contexto donde Estados Unidos ataca a Venezuela y el Gobierno de Sánchez ofrece sus «buenos oficios» para una «solución pacífica», advirtiendo contra intervenciones que violen el derecho internacional, la figura de José Luis Rodríguez Zapatero resurge como un actor clave en la compleja relación entre España y el país caribeño.

Una década atrás, en diciembre de 2015, Zapatero aterrizaba en Venezuela como observador electoral, marcando el inicio de una suerte de «segunda juventud política». Este país, exhausto y al borde de sí mismo, se convirtió en el escenario propicio para que el expresidente español volviera a pronunciar grandes palabras como «paz» y «diálogo», buscando revestirse, una vez más, de gestor de paz. «Si he sido capaz, como jefe del Gobierno español, de que ETA abandonara las armas, ¿cómo no lo voy a lograr aquí?», llegó a afirmar en 2018, consolidándose como una figura recurrente en el panorama político venezolano.

Con el tiempo, aquel aterrizaje inicial ha revelado matices menos inocentes. Zapatero llegó acompañado del futuro Grupo de Puebla, una organización defensora de la causa bolivariana de la que es cofundador. Sus vínculos con Nicolás Maduro se estrecharon progresivamente, volviéndose más densos y difíciles de justificar únicamente desde la diplomacia. Su rol, que comenzó como una especie de «notario de la democracia», mutó hacia una figura ambigua, oscilante entre la de empresario o «conseguidor».

Durante esta década, son numerosos los gestos polémicos que han marcado su trayectoria. Entre ellos, el uso reiterado de aviones de PDVSA, la petrolera venezolana sancionada por Estados Unidos; su controvertida intercesión en la concesión de un pozo petrolero en la Faja del Orinoco a empresarios españoles; su mediación en 2019 para el desembarco de Interbanex, una plataforma cambiaria crucial para el engranaje financiero del país; y, más recientemente, su reunión secreta con el empresario Julio Martínez y el rescate a la aerolínea Plus Ultra, investigada por la UDEF por un posible desvío de fondos para blanquear dinero del régimen chavista.

Venezuela, en cualquier caso, nunca ha dejado de ser una pieza en el tablero de la política española, utilizada con diferente entusiasmo según el signo político. Mientras en la izquierda más radical la afinidad con el chavismo ha sido explícita, en el socialismo, especialmente desde las responsabilidades de Gobierno, ha predominado una calculada tibieza y una equidistancia más retórica que real. Es en este espacio de ambigüedad donde Zapatero se ha movido con particular comodidad.

En sus apariciones públicas, el expresidente ha esquivado sistemáticamente las preguntas sobre el régimen, refugiándose en el lenguaje de la mediación. «Cuando alguien media debe ser extraordinariamente respetuoso. Es un derecho y es un deber mantener la discreción y la lealtad a las personas que han permitido que facilites alguna tarea», afirmó en septiembre de 2024. No obstante, sí admitió su participación en la «tarea de facilitación» para que el opositor Edmundo González pudiera exiliarse en España en 2024, tras dictarse una orden de detención contra él, aunque sin ofrecer más detalles «para no romper la confianza».

Aunque presumió de tener «buena relación» con muchos opositores venezolanos y de estar «plenamente convencido» de que en el país se darían «intentos de solución política, de diálogo político», Zapatero nunca quiso dejar constancia de su cercanía con figuras clave del régimen. Destaca su «amiga» Delcy Rodríguez, vicepresidenta con Maduro y ahora al frente, a quien definía así en un whatsapp enviado al entonces ministro Ábalos y revelado por EL MUNDO.

Sus continuas visitas a la embajada en Caracas y al palacio de Miraflores lo convirtieron en uno de los principales avalistas internacionales del régimen, un «blanqueador», según subrayó el PP. Del diálogo inicial, pasó a la defensa abierta del Consejo Nacional Electoral (CNE) y de procesos electorales fraudulentos, llegando a afirmar en 2020 que «lo que la gente vota lo hace libremente y no se puede modificar». Se negó a calificar a Maduro como dictador y justificó que las fuerzas armadas impidieran la entrada al Parlamento a Juan Guaidó, presidente interino reconocido por Estados Unidos y países europeos, incluida España, alegando que se trataba de evitar el acceso de diputados con orden de detención, mientras el chavismo imponía a Luis Parra como presidente de la Asamblea.

Desde el Gobierno bolivariano, nunca han ocultado su gratitud. Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación y hermano de Delcy, lo definió como «un hombre decente, digno», y Maduro pidió a los españoles que defendieran al «honorable» Zapatero frente a «un piche [poca cosa] subsecretario de Estados Unidos». Un retrato que lo aleja de la imagen de observador neutral para consolidarlo como un actor alineado con el poder que, en teoría, debía fiscalizar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

En cumplimiento con el artículo 22 de la Ley 34/2002, de 11 de julio, de servicios de la sociedad de la información y de comercio electrónico (LSSI), en relación con el Reglamento (UE) 2016/679 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 27 de abril de 2016, General de Protección de Datos (RGPD) y la Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de Protección de Datos y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD), el Titular pone a disposición de los usuarios la Política de recogida y tratamiento de cookies del sitio Web.    Configurar y más información
Privacidad